Matéria sobre os impulsionadores do cuidado da ecologia no Chile, entre os que destacam os líderes-parceiros da AVINA Santiago, Guillermo Scallan e Mary Anne Müller.
Por Francisco Aravena F.
RPA Cultiva
Los Reforestadores
Desde el cerro Calán se puede ver Santiago. O, en rigor, una nube gris-cafesosa bajo la cual está Santiago. Para lograr que la ciudad se vea, un grupo de educadores y un grupo de estudiantes secundarios trabajan ahí mismo, en el cerro, reforestándolo como parte de un proyecto que ya lleva seis años. En esta historia comenzaron dos argentinos, dos chilenos y un uruguayo, pero lo que siguió no fue un chiste, sino una tarea titánica. El proyecto se llama Reforestación Pedagógica Ambiental Cultiva. Y en eso de "pedagógica" está la raíz de todo. Esa era su prioridad.
Enseñar, entienden, pasa no sólo por estimular el intelecto de los estudiantes, sino también por cultivar los sentimientos y la voluntad. En el plan que diseñaron, hacerlo tenía el deseable efecto lateral de ayudar a descontaminar Santiago. En el colegio Giordano Bruno, cuatro educadores y un apoderado tuvieron la idea de enseñar mediante un plan de reforestación de la precordillera capitalina.
La lógica es simple y el plan, muy concreto: los cerros que rodean a la ciudad no sólo impiden una mayor circulación del aire, sino que además son parte del origen de la contaminación. La tierra de la precordillera se desliza hacia la ciudad con las lluvias, y una vez seca se eleva hasta unirse a la nube sucia. En un año lluvioso se pierden hasta 47 mil toneladas de suelo precordillerano, que representan el 60 por ciento del material particulado respirable en Santiago. Un cordón forestal ayudaría a disminuir notablemente el deslizamiento de la tierra, además de los beneficios inherentes de aumentar las áreas verdes.
Nos beneficiamos todos, por supuesto. Pero se benefician también quienes hacen el trabajo físico: estudiantes de entre 12 y 18 años, que son los que plantan los árboles. El asunto no se queda en plantar: cada alumno se compromete con el proyecto por dos años, porque tan importante como plantar es regar y cuidar lo plantado, para asegurar su permanencia. Ahí está la educación en la voluntad: "Los estudiantes en Chile se venían formando con la convicción de que Santiago era contaminado y no había nada que hacer al respecto", dice el coordinador del proyecto, Guillermo Scallan. Scallan es argentino y llegó a Chile hace 14 años para estudiar pedagogía antroposófica y desde ahí pasó a trabajar al Giordano Bruno, un colegio Waldorf donde conoció a quienes serían sus compañeros en la fundación de RPA Cultiva: el también argentino Nicolás Dormal, los chilenos Verónica Matus y Enzo Lambertini y el uruguayo Walter Medina.
Comenzaron en 2000 con una experiencia piloto: una hectárea en el Parque Mahuida, en La Reina, que un grupo de alumnos reforestó con árboles y arbustos nativos donados por la CONAF. Les habían advertido que sería difícil. Lo normal, les dijeron, es que la tasa de prendimiento los árboles que logran afirmarse y sobrevivir estuviera alrededor del 25 por ciento. En esa primera experiencia lograron un 98 por ciento de prendimiento. En todos los proyectos que han realizado desde entonces, destaca Scallan, siempre han superado el 90 por ciento. "La única explicación que tenemos para ese éxito es la dedicación y el amor que les ponen los jóvenes a lo que están haciendo", comenta.
Desde entonces se abocaron a fortalecer el proyecto, buscando nuevas propiedades en la precordillera comprometiendo a los propietarios no sólo a perpetuar el bosque, sino además a garantizar una fuente de agua para su riego, reclutando cada vez a más estudiantes y buscando financiamiento. Hoy, 67 colegios participan de la iniciativa. Particularmente inspiradoras han sido las experiencias con jóvenes en riesgo social y con alumnos con síndrome de Down.
Cultiva ha recibido recursos de la Fundación AVINA y de empresas como Aguas Andinas, Escondida y Gerdau AZA. También creó la firma Alma Chilena que vende a las empresas cajas de regalo con productos representativos del país, para destinar parte de sus ganancias al proyecto. Al mismo tiempo, comenzó una campaña pidiendo donaciones a las empresas. Ya son más de 300 las que se han sumado. RPA Cultiva convoca a mil jóvenes que pretenden demostrar que ayudarnos a respirar mejor es, también, asunto de buena educación.
Mary Anne Müller
El rostro
Si hay alguien que ha puesto la cara en el tema de la creación de la conciencia ecológica ha sido ella. A riesgo de ser tachada de hippie o, simplemente, de loca como dice ella, Mary Anne Müller lleva 20 años transmitiendo el evangelio de la ecología, con salmos que hoy parecen de sentido común pero que en ese tiempo parecían excentricidades.
Eran otros tiempos, era otro Chile. Era un Chile que, por ejemplo, prestaba atención a sus reinas de belleza. Y como aquél es un atributo que a Marianne nunca le ha faltado, le prestó atención a ella, elegida Miss Chile en 1987, al volver de Suiza y Francia, donde se educó. Así se convirtió en "rostro". Mary Anne Müller tenía algo que decir, mucho que criticar, pero sobre todo mucho que hacer al respecto. Y puso sus manos a una obra que se inauguraría en 1991 y que desde entonces tiene un impacto en la educación y el medio ambiente. La Escuela Agroecológica de Pirque es un establecimiento técnico-profesional donde jóvenes de escasos recursos realizan sus estudios secundarios aprendiendo al mismo tiempo a desarrollar cultivos orgánicos que les sirvan de sustento.
Müller recuerda que al principio debió luchar contra prejuicios y el escepticismo de la misma comunidad. "Durante muchos años fui como la loca del barrio, tuve mucha resistencia, tanto de la comunidad como de las autoridades. Pero fue bueno perseverar", asegura. Desde entonces, Müller pudo ver con satisfacción cómo mientras en el país los conceptos ecológicos pasaban de la novedad al campo de lo importante, dentro de la escuela los niños respondían positivamente a una educación que enfatizaba conceptos como autonomía y responsabilidad personal, social y ambiental.
Los resultados pronto estuvieron a la vista de la comunidad: sus alumnos lograban una buena inserción social, una baja tasa de violencia y de embarazo adolescente y una buena incorporación a la fuerza laboral del mundo agrícola. La escuela pronto se transformó en modelo para otras escuelas y para la comunidad. De hecho, recientemente comenzó un proyecto de capacitación de las mujeres de la zona de Pirque en agroturismo, con el apoyo de la Fundación Citigroup. Por otro lado, la Fundación Pfizer les aporta financiamiento para la producción de queso de cabra con recetas francesas para venderlos en su tienda de la misma Escuela Agroecológica donde ofrecen, además, otros productos naturales y orgánicos propios para ayudar a financiar la educación de los alumnos. También han recibido el apoyo de la Fundación AVINA, de The Resource Group y de otros donantes particulares.
Un proyecto prioritario para Müller es lograr el apoyo de empresas privadas para capacitar a profesores de todas partes del país para que apliquen el modelo en sus respectivos lugares de trabajo. En la Escuela Agroecológica de Pirque trabajan 46 personas y estudian cerca de 350 jóvenes, un número que aumentará una vez que se construyan más salas para dar abasto con la demanda que tiene. "Hay una esperanza en la educación. Esto demuestra que se puede, que es un tema de hacer las cosas bien y con cariño".
José Guilisasti y Álvaro Espinoza
Los Biodinámicos
Olvídese del dúo dinámico. Este es el duo biodinámico. No son superhéroes y trabajan para una empresa privada, pero José Guilisasti y Álvaro Espinoza se han convertido, en el camino, en innovadores a la hora de aplicar principios ecológicos a la producción de vino. Son los hombres tras G, el primer vino biodinámico chileno, de Viñedos Emiliana.
Lo que suena como una movida comercial para diferenciarse propone un cambio radical en la producción vitivinícola. Y también es una movida comercial.
Partiendo de la tierra a la repisa de los vinos, la historia va más o menos así: la agricultura biodinámica que nació de los planteamientos del filósofo austríaco Rudolf Steiner considera a la tierra como un organismo más, que como elemento mineral interactúa en equilibrio con los elementos vegetales y animales, sensible a las fuerzas del cosmos. Se trata de comprenderlo todo como un sistema vivo, donde la tierra y los animales que viven en ella, por ejemplo, caracterizarán los productos vegetales que ahí crezcan, en este caso las uvas con las que se haga el vino. Por eso se mantienen animales dentro de la viña. "En la agricultura biodinámica se trabaja en asociación con las fuerzas naturales, como socios, no contra ellas", explica Álvaro Espinoza, el enólogo de G, quien además ha producido sus propios vinos biodinámicos en su parcela de Paine. "Cada campo es único, y como tal hay que tratarlo".
En el mercado vitivinícola, Emiliana propiedad de Concha y Toro ha buscado la manera de venderse como "único". En 1998, José Guilisasti, gerente agrícola, creó Emiliana Orgánico, como una manera de diferenciar los vinos en un escenario que veía difícil. "Empezamos a ver que las cosas se iban a complicar. Había muchas viñas, sobreproducción... teníamos que diferenciarnos", comenta Guilisasti. Destinaron los campos de la viña en Casablanca, Maipo y Colchagua para la producción de vinos orgánicos es decir, sin pesticidas, herbicidas ni fertilizantes sintéticos, y Guilisasti contactó a los expertos en la materia para embarcarlos en el proyecto: el enólogo Álvaro Espinoza, quien se había tomado un año sabático en California, donde conoció la agricultura biodinámica; y el ingeniero agrónomo Miguel Ellisalt, también conocedor de la biodinámica y fiel seguidor de la antroposofía. Cuando Guilisasti los llamó, ellos lo convencieron de pasar de lo orgánico a lo biodinámico. Visitaron campos en Estados Unidos y se hicieron asesorar por el experto en el tema, Alan York. También era clave sumar a los trabajadores agrícolas, como cuenta Espinoza. "Ellos valoran trabajar en un sistema que trasciende la utilidad comercial". La primera cosecha de las uvas biodinámicas del Fundo Los Robles, en Colchagua fue en 2003, y hace dos semanas fue lanzada al mercado bajo la etiqueta de G y con su calidad de vino biodinámico certificado por la autoridad mundial, la firma alemana Demeter Internacional. La producción fue destinada a Europa, Asia, Estados Unidos y Chile, donde se puede comprar una botella por cerca de 50 mil pesos.
"Todo fue en el momento oportuno", comenta Guilisasti. "Hemos encontrado los lugares clave, a la gente clave y en el momento justo", explica. "Cinco años antes no hubiéramos sacado nada, porque no era el momento". Los tiempos de las personas, al fin y al cabo, también son cósmicos.
Nicolás Recordón
El deportista
Para saber qué pasa más allá no es necesario ser espiritista ni vivir colgado al satélite. No al menos para este windsurfista y constructor. "El mar es el comunicador por excelencia; trae y lleva noticias de lo que pasa más allá", comenta desde su casa cerca de Pichilemu. "Vivo frente al mar entre boldos, quillayes y maitenes que se han salvado de los nefastos monocultivos de pinos y eucaliptos".
A sus 47 años, Recordón vive de la construcción de casas en la zona, casas "para vivirlas y no para mostrarlas", como define, que no agredan al medio ambiente, hechas con materiales nobles y que aprovechan la energía del Sol. En este tránsito entre la casa y el deporte, él es, de alguna manera, una adaptación libre de la herencia de su padre, Mario Recordón, quien fue Premio Nacional de Arquitectura y campeón sudamericano de decatlón. Nicolás decidió que su deporte estaría en el mar desde que conoció el windsurf en el verano de 1979 en Tahiti, y decidió también que su casa estaría lejos de Santiago, una ciudad donde sentía que él mismo no valoraba el presente. Para él, el deporte es una manera de vivir integrado a la naturaleza y de estimular a otros a cuidarla. "Con el windsurf y otros deportes acuáticos los jóvenes aprenden a respetar y a adorar el mar. Se transforman en sus protectores, y serán ellos los primeros en defenderlo de los abusos del dumping ecológico que sufre este país", comenta.
Él, un vegetariano que ve su vida como "poco típica" y que cuenta en su currículum gestas como haber cruzado el Cabo de Hornos y el tramo entre Isla Mocha y Quidico sobre su windsurf, vive al pulso de las olas y el viento. Ha recorrido, dice, "cada metro de costa" desde el norte al sur de Chile, "buscando la mejor ola, el mejor viento y aprendiendo de la gente simple su sabia forma de leer la naturaleza". Su deporte depende de fenómenos naturales, y su vida también. "Tengo una vida distinta a lo que el sistema esperaba de mí", dice.
José Fliman
El Vegetariano
¿Un restaurante vegetariano? ¿En Chile? ¿En 1980? La idea de José Fliman y su socia Nicole Mintz levantaba un buen montón de cejas suspicaces. Pero casi 26 años después no sólo siguen ahí; El Huerto ya es un clásico en el panorama gastronómico santiaguino. "Nos ha ido bien", dice José Fliman. Y ahora recibe otra clase de comentarios, de esos que van con un palmoteo en la espalda. "Como nos va bien, siempre nos han preguntado: ¿y por qué no hacen otro?", explica. "Pero yo digo ¿por qué todo lo que tiene éxito tiene que ser cadena? Nos han invitado a hacer restaurantes en todas partes, pero seguimos con uno solo, porque privilegiamos la calidad de vida. Nos gusta ganar, seguro, pero nos gusta vivir bien".
Vivir bien, para Fliman, es simple: tiene que ver con vivir más cerca y en concordancia con la naturaleza. Y eso abarca desde su casa en El Arrayán hasta su restaurante en Orrego Luco, pasando por varias estaciones en el camino. "No puedo concebir el trabajo como algo distinto a lo que uno hace en la vida", explica. Fliman formó su conciencia ecológica después de un largo viaje a Europa en los años '70.
Por la misma época en que abrió El Huerto, Fliman trabajó como gerente en una empresa que vendía sistemas de agua caliente, calefacción y electricidad a partir de energía solar. Dice que los equipos que vendió en esa época todavía funcionan bien. Incluidos los que tiene en su casa de descanso en Tunquén. Pero al cabo de 11 años, cuenta, se cansó de tratar de convencer al resto de los beneficios de adoptar una energía limpia como la solar y, con El Huerto ya consolidado, se dedicó al restaurante. "Me cansé. Por eso admiro tanto a los ecologistas que siguen luchando, porque esto es derrota tras derrota", comenta. Dice que entonces empezó a focalizar sus esfuerzos en luchas más locales. Como la campaña para declarar Santuario de la Naturaleza al humedal de Tunquén, iniciativa que en 2004 fracasó (aun así, logró crear conciencia en la zona e instaurar una tradición: cada Sábado Santo, desde 1999, la comunidad se organiza para limpiar el humedal y la playa grande). O como su trabajo de director de la Fundación Lahuén, que en 1989 creó el parque El Cañi, 480 hectáreas que contienen un santuario de araucarias. Es el primer parque privado en Chile, cerca de Pucón.
En El Huerto, explica, trabajan respetando los ciclos estacionales de los productos y privilegiando a los pequeños productores a la hora de comprar insumos. Ahí también imparten clases de cocina y yoga. Fliman se enorgullece en declarar que nunca han transado en la comida vegetariana. Tampoco han transado en una oferta frecuente: meter publicidad al interior del local porque, como explica, la gente, al fin y al cabo, va allá para comer tranquila.
Francisco Aravena F..
http://diario.elmercurio.com/2006/07/08/el_sabado/reportajes/noticias/9D1805F5-34C7-4857-9FDD-0F5B33C507E8.htm
Fuente: El Mercurio
Autor: Francisco Aravena F.
arquivo "Líderes na Mídia"